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jeudi 16 avril 2009
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El colectivo CD&I ASSOCIATES cumple 14 años de trabajo en diseño industrial, los cuales coinciden con esta exposición de 13 proyectos de diseño que se dan como respuesta a un manifiesto. Considero oportuno traducir el texto introductorio escrito por Justin Mc Guirk para la publicación número 50 de la revista iconeye, dedicada a publicar 50 manifiestos pertenecientes a distintos diseñadores invitados con motivo de la celebración de esa edición. Este texto acerca de la historia de los manifiestos y su vigencia actual, se convierte en una herramienta para entender el espíritu del manifiesto como tal, la postura de CD&I ASSOCIATES ante el mismo y su visión particular a través de los proyectos propuestos, que buscan cuestionar los objetivos y el fin del diseño.

¨La era de los manifiestos se acabó. Las grandes ideologías están muertas. La historia se acabó. El relativismo y la apatía reinan. Es gracioso pensar que sólo hace una década todas aquellas declaraciones fueron creíbles para convertirse en temas comunes. La guerra fría se había terminando, el modelo americano de comercio se había globalizado. Y en vez de tener una convicción política, éramos políticamente correctos. Como podemos ver, este no era un gran momento para manifiestos. Pero y ¿Ahora qué ? En estos días la sola mención de globalización puede desatar una manifestación, y lo que es más importante todo inconforme que anda por el planeta puede publicar su discurso en internet. Los manifiestos están de regreso. El manifiesto original, estaba diseñado y escrito casi como un testamento, que quedaba como una lista de reglas, sin embargo los manifiestos se convirtieron en declaraciones políticas de intención. Ejemplos notables incluyen la declaración de independencia de los estados unidos en 1776, o el manifiesto comunista de 1848 de Marx and Engels. Eran documentos serios y, en el caso extremo podían llevar al fanatismo, hasta que fueron descubiertos por los artistas- y ahí fue cuando la diversión empezó. La discusión acerca de nuestros derechos inalienables, fue reemplazada por el delirio nihilista de los bohemios. Los artistas, como se puede ver, no son los responsables. Los años de oro del manifiesto fueron durante la cúspide del modernismo. Todo empezó con el Manifiesto Futurista de FT Marinetti de 1909, que proclamaba que el arte tenía que reflejar la velocidad y el poder de la era de la máquina- todo tenía que ser nuevo, nuevo, nuevo. ¨Admirar una pintura antigua, es poner nuestra sensibilidad en una urna funeraria¨ Escribió Marinetti. El italiano puso el tono para una sucesión de otros documentos proclamatorios por los Vorticistas (1914), Dadaístas (1916 y 1918) y Surrealistas (1924). Desde ese momento, ellos tenían que ser cuasi nihilísticos, contradictorios y absurdos (¨en principio estoy en contra de los manifiestos, como estoy en contra de los principios¨ escribió Tristán Tzara en 1918) El manifiesto era el lenguaje del ¨avant-garde¨ y dado que tenía que producir un shock, estaba condimentado con mayúsculas y signos de exclamación, para que las palabras pudieran ser dispositivos incendiarios, pequeños sonidos de bombas imitando la insensible destrucción de la gran guerra.

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La fin du design

Un buen manifiesto necesita invocar violencia porque demanda un cambio. Sin embargo al mismo tiempo, el creador del manifiesto necesita carisma, sentido del humor y, por supuesto, delirio. Al llegar los 60´s, los situacionistas predecían que todo el mundo se convertiría en artista, mientras que Yves Klein declaraba que el cielo era su mejor obra. “Hay que acabar con los pájaros” –escribió en 1961. Estropeaban su azul.

Interesantemente, los manifiestos del canon arquitectónico han sido documentos más bien piadosos, exentos de humor. Crimen y Ornamento, de Adolf Loos (1908) quitó toda la diversión-junto con la decoración de su obra, mientras que Hacia una nueva arquitectura (1923) y luego en La Carta de Atenas (1933) de Le Corbusier predicó la pureza – el orden establecido sobre el caos. En ambos casos, sus visiones encontraron una plena realización.

En los 70, ¨Aprendiendo Las Vegas¨ de Venturi Scott Brown y ¨Delirious New York¨ (un manifiesto retroactivo) de Rem Koolhas celebraron los frutos espontáneos del capitalismo rampante y su contemporaneidad. Pero el manifiesto se decayó después de la Visión de Inglaterra del Príncipe Carlos (1989), seguida por el manifiesto de Unabomber (1995) Y el manifiesto Sutuckista (1999), que establecían que sólo la pintura era arte. De pronto parecía que los manifiestos habían sido apropiados por asesinos o, lo que es todavía peor, reaccionarios. ¡Retaguardistas !

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La fin du design

A principios del siglo 21, hay tantos manifiestos potenciales como personas en la tierra, el internet ha visto esto. La web permite quejarse, vender ideas, entusiasmar y sobre todo compartir. En la era de las corporaciones, cuando los conglomerados globales quieren que uno compre su visión y use sus productos, los defensores de la libre expresión están luchando para mantener el ciberespacio como un lugar, donde los usuarios puedan expresar sus propias ideas. Sin embargo los escribientes del internet que mejor representan el espíritu radical de los primeros manifestantes son los ¨hackers¨- llenos de rabia injustificada, pero al mismo tiempo genios creativos aún no reconocidos.¨


Curaduría : Carolina Echeverri Burvckhardt.

Fotografía : Oscar Monsalve



Con el apoyo de :

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CCB

jeudi 16 avril 2009, par Adriana Castro

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